En busca de mi misma corro cada día, a más de 365 respuestas me enfrento para sólo una pregunta. Desconozco el lugar del cual provengo y a la vez detesto al que siempre regreso. No podría especificar en el que me encuentro, ya que vivo desplazándome entre ellos, física y mentalmente a cada momento. Como todos, o la mayoría, siempre tengo uno a donde ir y otro al cual volver sin importar cuan acogedor u espantoso sea. Mi edad es también un signo de pregunta, algunos dicen que la madurez no existe, que es sólo costumbre y lo cierto es que esta suele adormecer, a diferencia de lo que muchos digan yo no lo puedo asegurar, pues noto que envejezco y muero cada noche, pero al siguiente creo renacer. También se debate acerca del efecto ilusorio de lo que llamamos amor produce y si realmente existe un ser supremo creador de todas las cosas que algunos acostumbramos a llamar Dios, que si este será el año de un fin colectivo y si todos tenemos un extraño tipo de don. Se teme a lo paranormal, a lo desconocido. Se odia el fracaso y desilusión. Corren vidas tras una esperanza. Y todo parece sonar mejor dentro de una canción. Personalmente pienso que todos nadamos en la misma inmundicia e individualmente elegimos nuestra dirección. Y tal como oí en una de las tantas melodías dedicadas creo que somos un mar por alegría y dolor. Embotellamos sentimientos, bebemos olvido, vomitamos amor. Pensamos gran parte del tiempo y, aun así, muchas veces sabiendo las consecuencias obedecemos a impulsos, porque justamente son ellos los que nos hacen humanos. Nos aferramos a las cosas y enamoramos de lugares, decaemos con memorias y amamos sensaciones. Dependemos de personas, circunstancias. Tomamos decisiones muchas veces sin saber que al no hacerlo de igual modo decidimos. Sufrimos de vértigo, jaqueca, nauseas. Padecemos enfermedades que nosotros mismos creamos. Algunos luchan contra los sentimientos otros se vencen ante el poder de la mente, muchos nos encontramos en el limbo, equilibrando la balanza. Somos partículas viviendo entre el pelaje de un conejo, ¿Nos quedamos dentro o exploramos lo que se cree estar más lejos?, otros son eternos buscadores de una verdad, algunos amantes del peligro. Otros admiradores del silencio, acompañantes de la soledad. Somos estaciones de metro repletas. Personas con diferentes sentidos pero con un punto en común. Coincidimos en horas, lugares e incluso gustos pero a veces vamos tan a prisa que olvidamos el sentido, la meta, ni pensamos en buscarlo. Nos balanceamos con el péndulo del cambio constante llamado vida. Nos hablamos hacia nuestros adentros acerca de lo correcto, desfallecemos con palabras. Somos dueños de casi todo y casi nada. ¿Hojas de un árbol movidas por el viento, o seres multicolores aromáticos, auténticos danzantes castigados por el tiempo? ¿Es acaso el hecho de saber que respiramos el que nos recuerda que vivimos? ¿Somos o sólo pasamos por el mundo? ¿Soñamos? Somos amor-odio y sus derivados, somos el pasado que sólo cobra sentido en la medida que se hace presente, somos futuro incierto… Disparado pero lento. Nos vestimos de antojos, deseos vivos y pasajeros. Somos cambio, instantes, movimiento. Somos tiempo, quizás invierno…
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