Así comenzó uno de mis días del mes alcohólico conocido por Septiembre, fresco, liviano, lleno de vida. Los presentimientos me abordan cada semestre. Borrosos recuerdos, inertes sonrisas, notar el paso del tiempo son cosas que rondan por mi cabeza. Hace dos meses sensaciones venían y dudas acerca del bien estar de compañeros de vida que no veía hace años me aquejaban cada noche, decidí establecer una fecha y llevar acabo una junta. Sentía que durante esos días podía marcharme así que quería verlos en caso de cualquier cosa, cuando ya había cubierto con solicitudes el muro de cada uno de mis amigos dije hacia mis adentros "Para pronto no lamentarnos tanto", refiriéndome al paso del tiempo, ya habían transcurrido 2 años aproximadamente y necesitaba saber de ellos.
Mi entusiasmo era evidente, pese a la poca cercanía que tenía con uno de los muchachos pero aún así quería verlo y saber de él. Convivimos dentro de un estrecho salón durante cuatro años y supongo que no pude evitar estrechar fuertes lazos con la mayoría, aunque con él fuese diferente cada vez que lo veía pronunciaba un silencioso te quiero y cuando se marchaba le deseaba profundamente lo mejor.
Él siempre fue un joven aventurero, pero callado, y en sus ojos aún se asomaba algo de inocencia y temor, cuando a mi lado pasaba olía a melancolía y aunque trataba de comprender el porqué siempre me mantuve distante, las intenciones estaban pero las acciones se difuminaban en el aire, las oportunidades iban, venían, y se marchaban a cada instante.
Cuando tenía nueve años compartí con el una fruta, conversaciones superfluas y tiernas sonrisas. Una noche cambió todo, creo que por ahí partió el impacto de su existencia en mi vida. Entre globos y balones, música, gritos de euforia y alegría algo se fue de sus manos, ¿Ira hasta mi presente injustificada? ¿Emoción competitiva? Supe que era mayor y supe también que por mi venía, fui testigo de su fuerza al intentar quitar mi vida. Recuerdo que perdí el conocimiento al caer producto de un empujón suyo, al despertar de este aún recuerdo las luces oscilantes ya la vez la oscuridad propia de un callejón sin salida. No estaba solo, eso es cierto, sus "secuaces" tomaron mis extremidades riendo, luchando contra una niña. Aún siento sus manos apretujando mi cuello, el chirrido de mis dientes, gritos que nunca se oyeron y la lucha constante entre esta vida y mi muerte, aun siento como bajan las lágrimas provenientes de aquel infierno, la presión en mi cráneo, el dolor de mis huesos. Nunca he suspirado como aquel entonces, luego de que decidió soltarme cuando quedé nuevamente inconsciente. ¿Habrán sido minutos de tortura que parecieron eternidad o mi esfuerzo por aferrarme a los recuerdos de mi corta vida me volvieron segundos inmortal?. No sé que fue lo que pasó, no sé por que razón. En seguida, con mi voz pausada y cortes sin saliva, corrí a contárselo a un adulto, pero nadie me creyó. Me sentí tan triste, incomprendida, descolocada, desprotegida y a solas en el mundo que recuerdo como maldije ese lugar, ese momento y a esas personas que jamás creyeron, para ellos solo fueron solo palabras y rieron, pues es cierto, a veces se las lleva el viento.
Aun recuerdo cuando me ofreció disculpas pero jamás entregando algún tipo de justificación, también recuerdo la paz que sentí al perdonarlo y la tristeza por él al perder comunicación. Cuando pasaba a su lado sentía su enorme vergüenza y aun me pregunto por qué, dicen que hay veces que es mejor callar todo o dejarlo para después, personalmente hoy me arrepiento bastante pero no hay más que hacer.
Antes de partir por fruta a una feria cercana a mi casa lo encontré en el camino, para ese entonces el tema del fallido intento de homicidio estaba bastante adormecido, recuerdo su sonrisa y un dulce destello en sus ojos, fui precavida al abrazarlo. Lo saludé distante y algo cariñosa con miradas pero expresando que lo había perdonado, nuestra relación fue basada en gestos pero no tenía tiempo para cambiarlo. Me despedí y marché diciendo en tono más fuerte a la distancia -¡Te espero el sábado!-, el sólo contestó con una enorme sonrisa y dimos el asunto por terminado.
Aun no comprendía que era lo que sucedía y es por ello que mis lagrimas no cesaban. Recuerdo que aún faltaban algunos minutos para que fueran las ocho de la mañana y unas de mis tantas inquietudes, las cuales no comprendo me despertaron, esas inquietudes que me visitan entre sueños, un gran signo de interrogación, un presentimiento que me hizo despertar antes de la hora acordada. El teléfono sonaba y yo no quería hablar con alguien, así que espere que unos de mis padres despertara y se animara a contestar, mi madre fue quien atendió, y solo por curiosidad me puse a escuchar la conversación, no oía bien lo que decía así que le pregunte que ocurría, no oí respuesta, entonces supe que lloraba, hablaba con Serena, una de sus amigas. Y no se porque el nombre de mi casi homicida cruzo por mi mente, no le tomé importancia, de hecho lo cuestioné solo un momento, y seguí atenta a lo que sucedía, pregunte de nuevo - ¡Qué ocurre!-. Oí unos pasos y la puerta de mi cuarto se abrió, mi madre ingresa sollozando y me informa diciendo - Hija, Claudio falleció.
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